Herramientas chicas
Las cosas que construís para nadie en particular suelen ser las más honestas.
Una vez armé una botonera de sonidos para una oficina.
No era nada sofisticado — una página web con botones, cada uno reproducía un sonido distinto. Aplausos, risas enlatadas, tambores, cosas así. La usaban en reuniones para romper el hielo o para reírse de algo.
Nadie lo va a ver en GitHub. No tiene arquitectura interesante. No escala. Pero alguien la usa, y eso lo hace más real que muchos proyectos que aparecen en portfolios.
Hay una distinción que me parece importante entre construir algo para que se vea bien y construir algo para que funcione.
Lo segundo suele ser más pequeño, más feo y más honesto. Implica tener un usuario real con un problema real — aunque ese usuario seas vos mismo o tres personas de una oficina.
Lo primero tiende a inflar. A agregar capas que nadie pidió. A optimizar cosas que no van a importar nunca.
No estoy diciendo que los proyectos grandes son todos humo. Estoy diciendo que el tamaño no es lo que le da valor a algo.
Una herramienta chica que alguien usa todos los días vale más que una plataforma bien documentada que nadie abre.
Eso es lo que me quedo de la botonera.